|
Sin ver la luz que broncea mis manos
iluminando la distancia entre mis pasos,
golpea el hilo de plata en la sien
dejando acabada la luz que me ilustraba,
garabateando con lápiz de azada.
Estirando la sonrisa, harta, espada
dibuja mi cara, aquel rostro reflejando
espejos de otros mundos herrados,
con siluetas perdidas en el perfil del tiempo
que taimadas crearon su presente reflejo.
Escriben mis venas con sentimiento,
dádivas enviadas para no sentirme ajeno
a lo que hoy somos, burdos muñecos zarandeados
por logros ajenos,
turbados por instantes de miedo,
quebrados por luchas y aceros.
Mi ilusión perpetúa mi sonrisa hacia el presente
al que me agarro con creencias intactas,
de músicas ruidosas
de escrituras con hilo de oro tan fino,
como mi destino escrito en este libro encerrado,
pausado en una página de espera y alerta.
|