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Besa la rosa tatuada en mi pecho embravecido.
Besa con tus labíos ese tallo sangrante y cicatriza mi herida profunda.
Arde en mi fuego poseído,
desmaya en la pasión prohibida,
enloquece en mis labios
todavía ardientes, vivos,
y fundete en la sangre de mís venas.
Estruja mi pelo negro,
marca la piel con tus uñas,
abrazáme con tú cuerpo desnudo...
Tómame ahora con deseo
y vuela en placeres eternos.
Gríta al viento la lujuría,
pinta la noche erótica,
cubre mí cuerpo cansado e inerte con tu manto,
de piel dulce y suave...
Siente en tu cuerpo
el latír de un corazón enloquecido.
Desde mi fria tumba,
añoro, pienso,
en la distancía veo
una dama que viste de negro.
Y me pregunto quién habrá muerto...
¿Quién habrá muerto
para que la Virgen vaya de negro...?
Amada dama, hoy
¡como te echo de menos!...
Grita al viento la lujuría,
pinta la noche erótica...
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