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Mi cajón se ha olvidado de guardarme
aquellos zapatos sin suelo,
aquel avión sin cielo,
el reloj que perdió sus agujas,
el jueves que viene,
al que sigue un día al que no se como nombrar
aquel folio en blanco donde escribí este poema,
manchado de café de aquel día,
en el que empezamos a dejar de vernos,
cuando acabábamos de vernos por primera vez.
Pero este calvo con pelo,
este teléfono que calla cuando llamas,
estos ojos que aún recuerdan tus besos,
tu perfume
y tu sabor,
se han olvidado ya de tu cara.
Nadie pagaría por enamorarte,
pero si para tenerte,
nadie creería a este niño con alma de loco
o a este loco con alma de niño.
Pero yo aún busco el lugar donde nunca estuvimos,
tu gato del vecino,
nuestra canción sorda,
sin notas,
la inspiración que perdí,
el día que me la devolviste.
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