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Mientras contemplo el cuadro,
mi propio tiempo se prolonga
en presentes de gozo, en los retornos
a mi ciudad natal, en los paseos
por la Catedral y sus alrededores,
mientras un mirlo
eterniza el momento con su canto.
Mientras contemplo el cuadro,
mi mano en la memoria acude siempre
a la paleta en busca de un color
para dar realidades de presencia
a una rama alumbrada, a una nube
que perfila la piedra del Castillo,
a unas sombras que invaden los senderos
solitarios del parque, y me descubro,
milagro del deseo, contemplando,
desde un banco de piedra, esta belleza,
la belleza de lo que estoy pintando.
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