|
Quisiera poder tocar tu cuerpo
tan suavemente
como la brisa del viento mañanero
toca el pétalo de rosa
que crece en el suelo del jardín,
donde consumimos nuestro amor,
donde la palma de mi mano
fingiendo ser un rayo de sol
recorría la curva de tu cadera,
donde y cuando todo parecia insignificante a tu lado...
En ese jardín donde jure amarte
por encima de todo lo que pueda alcanzar la vista
y aún más lejos de donde haya llegado el hombre
y aún más lejos que aquella carretera
que enprendimos aquel día
en el que te prometi recuperar todo el tiempo que perdí mientras disfrutaba del pecado prohibido...
Era tan hermosa como tus cuervas,
tan apetesible como el suelo de tu jardín,
pero nunca tan electrilizante como tú,
puedo recordar mi vello elevarse
al rozar tus labios jugosos de sangre infiel
y poder saborear el jugo de la vengaza que acaparaste
como a un hijo ilegítimo,
como una pincelada mal plazada
en el cuadro inacabado que pintamos mano con mano,
mientras el sol atravesaba el cristal de nuestra habitación y se dirigía hacía un trocito de chocolate
que se emplazaba en la mesa llena de pintura
por nuestras pasiones consumidas aquella noche resplandeciente de estrellas,
este se derretía
como la llama que acabo con un amor muerto,
pero muy consiente por tu recuerdo
que no volveré a sacar a la luz...
Jamás...
|