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Escrito por Mª Teresa Carrión Gandía
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Hermosa,
como la mirada de dos amantes,
que se pierde,
la una en la otra,
la otra en la una,
encontrándose,
y así,
abandonados,
se mecen en la dulzura,
de todos los besos que se han dado,
en la ternura de las caricias que se han dedicado:
me ofreces...
te ofrezco...
te ofrezco...
me ofreces...
hasta quedar extenuados del placer,
del sentimiento,
que les envuelve.
Leves susurros cómplices
"¿te gusta?",
"¿en qué piensas?",
"¿por qué sonríes?"...
Y tu mano...
siempre atenta,
a tientas,
encuentra el centro.
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