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Los beneficios del deporte en equipo

Los beneficios del deporte en equipo

 

Entre­nar con regu­la­ri­dad, prac­ti­car algún deporte o hacer acti­vi­dad física nos ayuda a man­te­ner la salud y

pre­ve­nir las enfer­me­da­des, pero tiene tam­bién otras ven­ta­jas que van desde el con­trol de peso, hasta mejo­ras en la autoes­tima pasando por la fle­xi­bi­li­dad, la fuerza, el des­canso y hasta una mayor acti­vi­dad social…

Diver­sos estu­dios han demos­trado que el rea­li­zar deporte es bene­fi­cioso para la salud. Por un lado tiene bene­fi­cios a nivel físico ya que, según la O.M.S. (Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud), la rea­li­za­ción de acti­vi­dad física de forma con­ti­nuada pro­longa la lon­ge­vi­dad y pro­tege con­tra el desa­rro­llo de enfer­me­da­des car­dio­vas­cu­la­res, ata­ques cardía­cos, obe­si­dad, hiper­ten­sión e, inc­luso, diver­sos tipos de cáncer.

Al mismo tiempo el ejer­ci­cio físico regu­lar nos ayuda a nivel psi­coló­gico a afron­tar la vida con mayor opti­mismo y energía, ya que aumenta nues­tra autoes­tima y nos hace sen­tir bien. A nivel psi­coló­gico pode­mos decir que la rea­li­za­ción de acti­vi­dad física mejora algu­nos tras­tor­nos men­ta­les como la depre­sión o la ansiedad.

En el área social se des­taca el bene­fi­cio que trae prac­ti­car deporte, ya que se pre­viene la dro­ga­dic­ción, el alcoho­lismo, el taba­quismo y la delin­cuen­cia. Además, los depor­tes de equipo son un exce­lente medio de inte­gra­ción social.

Prac­ti­cado de forma sana, el deporte faci­lita las rela­cio­nes huma­nas en un con­texto lúdico y per­mite aumen­tar la autoes­tima y la segu­ri­dad en uno mismo. Aun­que padres y pro­fe­sio­na­les deben pro­cu­rar que los jóve­nes entien­dan esta prác­tica depor­tiva como un juego y no como un sis­tema para fomen­tar la competitividad.

Tanto a nivel adulto como infan­til el deporte en equipo es un pode­roso ins­tru­mento para socia­li­zar y com­par­tir, con­vir­tién­dose en un motor de comu­ni­ca­ción de los inte­gran­tes de la socie­dad que inte­gra­mos. De esta manera el deporte con­tri­buye al desa­rro­lla­dor psi­coló­gico y social de la comunidad.

El deporte en equipo a nivel familiar

A nivel fami­liar el deporte en equipo no sólo bene­fi­cia a los niños, sino tam­bién a los padres. Un nuevo estu­dio cons­tata que unos y otros prac­ti­can las mis­mas con­duc­tas en el campo que en las gra­das. Por este motivo, entre­na­do­res y pro­ge­ni­to­res deben ser cons­cien­tes de la labor socia­li­za­dora que ejer­cen sobre el menor.

Los padres que con­si­de­ran el deporte como parte de la expe­rien­cia edu­ca­cio­nal de los hijos pue­den bene­fi­ciarse de su apren­di­zaje, de acuerdo con un estu­dio de la Uni­ver­si­dad de Pur­due, en Indiana. El ejer­ci­cio orga­ni­zado y en equipo aporta ven­ta­jas a los más peque­ños: acti­vi­dad física, auto­con­fianza, amis­tad, con­cen­tra­ción, per­se­ve­ran­cia, dis­ci­plina… Pero los inves­ti­ga­do­res ase­gu­ran que esto puede afec­tar en la misma medida a los padres.

Un artí­culo de la pedia­tra Tammy C. Temp­fer, de la Uni­ver­si­dad de Buf­falo (Nueva York), pre­sen­tado en la 26ª Con­fe­ren­cia anual de la Natio­nal Asso­cia­tion of Pedia­tric Nurse Prac­ti­tio­ners (NAPNP), ofrece reco­men­da­cio­nes a los padres para que el deporte sea bene­fi­cioso para sus hijos:

Los bene­fi­cios del Deporte en equipo

  • Ani­mar­les a la prác­tica depor­tiva, pero sin pre­sio­nar­les. Hay que dejar que esco­jan ellos mis­mos la acti­vi­dad y per­mi­tir­les aban­do­nar en cual­quier momento.
  • Hablar con el hijo para enten­der qué espera del deporte y ayu­darle a cum­plir sus obje­ti­vos, que han de ser realistas.
  • Mar­car lími­tes de par­ti­ci­pa­ción. Deter­mi­nar si el niño está pre­pa­rado, en un plano físico y emo­cio­nal, para jugar en cada momento.
  • Ase­gu­rarse de que el entre­na­dor está cua­li­fi­cado para guiar de forma correcta a los niños en su prác­tica deportiva.
  • Man­te­ner la vic­to­ria en pers­pec­tiva y con­se­guir que el hijo sienta lo mismo.
  • Ayu­dar a los meno­res a enten­der el valor del apren­di­zaje a través del deporte, así como la res­pon­sa­bi­li­dad hacia los com­pa­ñe­ros, el entre­na­dor y la dis­ci­plina en los momen­tos necesarios.
  • No entro­me­terse en el tra­bajo del pre­pa­ra­dor y comu­ni­carse con él sobre las enfer­me­da­des o con­di­cio­nes médi­cas de los hijos para ase­gu­rar una prác­tica depor­tiva segura.
  • El mismo artí­culo de la Natio­nal Asso­cia­tion of Pedia­tric Nurse Prac­ti­tio­ners presta aten­ción a las acti­tu­des nega­ti­vas pater­nas que pue­den con­tri­buir a fina­li­zar la prác­tica depor­tiva. En oca­sio­nes, los padres no res­pe­tan el área que deben ocu­par durante los par­ti­dos. En lugar de man­te­nerse en las gra­das, entran en el terreno de juego e inva­den la zona del entre­na­dor. Le acon­se­jan, inc­luso, a él y a los hijos cómo desen­vol­verse en el campo. Esta acti­tud genera con­fu­sión en el niño, que no sabe a quién debe obedecer.
  • La falta de res­peto al público y al entre­na­dor del otro equipo es otra acti­tud nega­tiva. El menor puede sen­tir vergüenza por la reac­ción de sus padres o seguir este modelo de con­ducta. Por último, el artí­culo insta a ani­mar al equipo del hijo, mos­trar interés y entu­siasmo, con­tro­lar las emo­cio­nes, hablar con el entre­na­dor cuando éste lo pida y agra­de­cerle, de vez en cuando, la forma en la que ha lle­vado a cabo el evento deportivo.

Los padres y entre­na­do­res deberán estar aten­tos a las siguien­tes cuestiones:

  • Refor­zar aspec­tos como la depor­ti­vi­dad, el res­peto, el esfuerzo rea­li­zado y el espí­ritu de supe­ra­ción ante resul­ta­dos negativos.
  • Evi­tar una men­ta­li­dad per­fec­cio­nista y obse­siva para ren­dir a un nivel óptimo que aca­rree frus­tra­cio­nes constantes.
  • Con­si­de­rar la prác­tica de otra acti­vi­dad si se observa que la autoe­xi­gen­cia exce­siva per­ju­dica al menor.
  • Entre­na­do­res y padres deben cen­trarse lo justo en el resul­tado com­pe­ti­tivo para evi­tar que el menor sólo esté satis­fecho cuando gana.
  • Valo­rar siem­pre lo posi­tivo de cada evento, sin alte­rarse por los erro­res que se hayan podido cometer.
  • Ase­gu­rarse de que el deporte sea una acti­vi­dad en la que se dis­fruta para evi­tar el estrés y el aban­dono prematuro.
  • Los adul­tos que se encuen­tran impli­ca­dos en la acti­vi­dad depor­tiva deben dar ejem­plo con su acti­tud y no ser un modelo negativo.
  • Los adul­tos nunca deberán pre­gun­tar por el resul­tado de un par­tido o com­pe­ti­ción, sino que tie­nen que inte­re­sarse por si se lo han pasado bien o no.
  • Cuando los ado­les­cen­tes ya no rin­den lo sufi­ciente como para con­ti­nuar su tra­yec­to­ria en equi­pos de mayor nivel y se ven obli­ga­dos a dejar el deporte que ha ocu­pado su tiempo libre y al que han dedi­cado tanto esfuerzo, deben bus­carse alter­na­ti­vas para no aban­do­nar las bon­da­des de prac­ti­car un deporte.