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Desarrollo de la Expresión Plástica y su Didáctica, de 18 meses a 4 años

ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LOS PRIMEROS TRAZADOS.

ESTADIO PSICOMOTOR: DE 18 MESES A 4 AÑOS

  • GÉNESIS DEL GRAFISMO

Cuando el observador adulto se detiene ante los garabatos iniciales de un niño, por lo general, no ve más allá de la supuesta torpeza o tosquedad de estos primeros rasgos, asociándolo con frecuencia a lo caótico, a lo "sucio" de aquello que no está normalizado.

La indiferencia o el rechazo suelen ser actitudes habituales hacia el niño que garabatea, por considerar que no tiene valor.

Sin embargo, no estamos ante una actividad inútil o lúdica sin consecuencias. Los procesos de maduración (motrices, perceptivos, cognitivos) que llevan a su ejecución, implican un eslabonamiento progresivo, un perfeccionamiento gradual de aquellas facultades específicamente humanas que hacen posible la comunicación a través de la expresión gráfica.

Durante este período que se prolonga desde los 18 meses hasta los 3 años y medio ó 4, dependiendo de la madurez personal de cada niño, se establecen las bases psicomotrices comunes a dos sistema de signos diferenciados: el dibujo y la escritura, que a partir de aquí y por este orden, servirán para que el niño articule su pensamiento, favoreciendo la autoexpresión y la comprensión de sí mismo y del medio.

Los factores que hacen posible todo el proceso son:

  • Acción

  • Causalidad

  • Significación

  • Codificación

Los tres primeros factores son imprescindibles como desencadenantes del proceso, y se irán diferenciando y superponiendo en las distintas etapas de éste. El cuarto, se desarrolla y consolida a lo largo del siguiente estadio. (Realismo Conceptual).

  • ETAPA DE EXPANSIÓN CINESTÉSICA NO CONTROLADA

En esta primera etapa el interés básico es motriz. La actividad gráfica aún no es controlada perceptivamente "...el ojo sigue a la mano" sin relación de causalidad.

Observando al niño, lo primero que apreciamos es la satisfacción que se deriva de la acción; en este caso la actuación del niño no se realiza con el objetivo expreso de alcanzar ningún tipo de meta o "estado final", sino que es el placer de ver y de realizar sus trazados los que promueven y justifican la actividad gráfica de los niños en este período.

Desde el principio, el niño, buscará el contacto con una superficie sobre la que dejar una huella permanente. Nacen así los primeros trazados, las primeras manchas y, si la superficie que se le opone es blanda (arena mojada, barro, plastilina...) los primeros esgrafiados.

Al placer motriz, se sumará el placer visual que se origina con el seguimiento ocular de los dibujos, de modo que, como apunta Arnheim "hacer visible algo que antes no estaba ahí es una experiencia emocionante".

El acto gráfico es aún accidental.

  • Características gráficas: origen y descripción

A partir de esta madurez psicomotora y perceptiva, el niño es capaz de producir una serie de trazados que se caracterizan, fundamentalmente por ser amplios, curvos y de ejecución rápida. Es decir, que los garabatos tienen su origen motriz en los movimientos de rotación del brazo partiendo de las articulaciones del hombro y del codo y, posteriormente de la muñeca.

El movimiento natural de la mano unida a los segmentos distales (antebrazo, muñeca y mano) y proximales (brazo)como un solo radio, da lugar a los trazados iniciales que son curvos (garabatos).

Cuando interviene la flexión del antebrazo se observan los característicos "barridos" (fig.1- pag.29) y como resultado de la rotación de la mano en torno a la muñeca a la vez que se desplaza el brazo, aparecen las "madejas" (fig.2-Ibid) y las "cicloides o bucles" (fig.3-Ibid).

De la coordinación entre el movimiento de la mano alrededor de la muñeca (rotación) y el movimiento lineal de desplazamiento del brazo (extensión), nace la "cicloide alargada" que puede ser positiva o negativa según el sentido direccional del trazado (fig.3-Ibid). Cuando este segundo movimiento se desplaza en círculo, se origina una doble rotación cuyo resultado gráfico es la "epiciloide" (gráfico1-pag.31).

Otro derivado de los bucles es la "hipocicloide" (Ibid) que surge de la oposición direccional entre el movimiento rotatorio de la muñeca y del hombro; la dificultad que implica dicho movimiento hace que este tipo de trazos sean poco frecuentes y difícilmente observables en las formas gráficas de los niños.

Esta fase se caracteriza por la liberación de una gran carga cinestésica pura que permite al niño gozar de su propio ritmo biológico y visualizar su movimiento en los trazados como primer paso hacia las relaciones viso-motoras que se van a establecer en la fase siguiente.

 

Barridos

Garabatos amplios

Nivel motor y curvos (madejas)

cicloides

 

Bucles epicicloides

hipocicloides

 

  • ETAPA INICIAL DE CONTROL VISO-MOTRIZ

Entre los 2 y 3 años podemos situar el momento en el que el niño reconoce su gesto reflejado gráficamente y se inicia el proceso de control visual en el que "el ojo conduce a la mano".

En su interacción con el medio, el niño descubre la posibilidad de incidir en éste y modificarlo.

Desde el punto de vista perceptivo-motriz, la dinámica de las relaciones causa-efecto, recién descubiertas por el niño, se invierte; es decir, que si al principio los trazados son una consecuencia residual de la acción y el gesto que tienen su raíz en el nivel motor, después será la voluntad perceptiva la que justifique las grafías, que dejan así de ser un resultado fortuito para ser controlados visualmente desde el nivel de control perceptivo.

  • Características gráficas: origen y descripción

Con el descubrimiento de la relación entre trazo y movimiento se inicia la exploración y conquista del espacio gráfico, cuyo dominio va a depender de la progresiva madurez perceptivo-motriz.

Los factores que hacen posible esta evolución son:

  • El control de la velocidad la capacidad para realizar movimientos más lentos facilitando así el seguimiento visual de los trazados.

  • El control cinestésico permite decidir la dirección y el desplazamiento.

  • La madurez sensorio-motriz hace posible la rotación controlada de la articulación de la muñeca y la intervención del pulgar.

Las consecuencias gráficas de estas adquisiciones serán:

  • La fragmentación del trazo debida a la posibilidad de frenar durante el proceso de ejecución.

  • La modulación del trazo se consigue gracias al control inicial de la velocidad y el ritmo y a la posibilidad de rotaciones segmentarias, dando lugar a pequeños lazos y arabescos.

Las conquistas viso-motoras descritas dan como resultado las primeras estructuras lineales controladas voluntariamente a las que denominamos "trazados de control simple". Son el resultado de aquellas grafías en las que el niño es capaz de elegir el punto de partida del trazo y dirigir la mano hacia un trazado anterior y cortarlo, es decir, adquiere el control inicial. También permite mantener dos trazos equidistantes (paralelas) o hacerlas converger.

Se pueden distinguir los siguientes trazados de control inicial:

  • Complementarios se incide en un trazado rectilíneo ya realizado, modificando su estructura inicial con nuevos trazos de orientación ortogonal a éste (fig.5-pag.33).

  • De proyección radial se disponen segmentos oblicuos con tendencia a la simetría radial en torno a una forma circular fortuita en la que no se ha establecido aún el control final del trazo. (fig.6-Ibid).

  • Segmentos sucesivos se relacionan pequeños rectilíneos o curvos encadenando unos con otros (fig.7).

El niño no posee aún la capacidad de cerrar voluntariamente una forma y encuentra placer en la creciente habilidad psico-motriz que le permite ya controlar parcialmente un trazado y cortar o modificar un trazado anterior.

  • El carácter simbolizador de los trazados

Coincidiendo con la segunda etapa, el niño relacionará verbalmente algunos de los garabatos o trazados con alguien o algo de su entorno, iniciándose el juego simbólico. Se establece así una relación entra la imagen, la palabra que la nombra y el signo gráfico aún indiferenciado, que la evoca.

Hay que advertir que el niño adjudica un nombre a sus grafías una vez que las ha realizado y sin que exista ningún tipo de semejanza entre el garabato y el objeto nombrado. Se establece así una nueva mera asociación sin intención figurativa. Es el trazado, el que justifica al objeto evocado y no al contrario.

El comienzo del proceso de simbolización no viene determinado por las características de los trazados que continúan siendo las ya descritas para este período, sino por la superposición, en un momento determinado, del pensamiento simbólico al pensamiento senso-motor hegemónico hasta ese momento en las producciones gráficas infantiles.

1. Trazos de discontinuidad voluntaria

2. Trazos complementarios

  • Trazos de proyección radial

4. Trazos de encadenamiento sucesivo

  • ETAPA CELULAR O CONSTRUCTIVA

Ya partir de este período, el entrenamiento visual y la motricidad manual cada vez más fina y diferenciada, hacen posible el control doble hacer partir el trazado de un punto escogido y poder conducirlo voluntariamente hasta otro punto determinado del espacio, decidiendo su dirección y el punto final en que termina.

Con la adquisición del control doble o terminal s cierra el proceso de determinación de los trazados, que queda definido por tres niveles:

  • El control inicial.

  • El control direccional.

  • El control final.

Gracias a ellos el niño consigue completar y cerrar las primeras unidades formales que suelen ser circulares o irregulares y que resultan de la expresión de conceptos más topológicos que geométricos.

  • Características: origen y descripción

Se inicia así, un período de transición hacia la formulación posterior de conceptos gráficos figurativos o representativos, propios del siguiente estadio (Realismo Conceptual).

Esta etapa puente (etapa celular) y que se extiende entre los tres y los cuatro años, se caracteriza por la creación de los primeros monogramas básicos con los que se inicia el proceso de diferenciación de la forma que se desarrollará y perfeccionará en las etapas siguientes.

Estos monogramas se definen como unidades estructurales simples que constituyen la base de la expresión gráfica en estos períodos. Entre ellos podemos distinguir ocho diferentes por orden probable de aparición entre los 3 y los 6 años:

  • Cerrados el óvalo, las formas irregulares, le cuadrado, el triángulo y el trapecio.

  • Abiertos las líneas paralelas, la cruz griega y la cruz de San Andrés o cruz en aspa.

De estos monogramas sólo los tres primeros de entre los cerrados llegan a diferenciarse en esta etapa.

Desde el punto de vista psicomotor, la gran aportación de esta etapa es la capacidad de crear formas cerradas. Así pues, gracias al control doble, el niño podrá crear una serie de estructuras (monogramas) que serán las herramientas básicas de su vocabulario gráfico posterior. Junto a esta adquisición, otra de las características más relevantes del período celular es la capacidad de poder combinar dichas estructuras, generando así diversas construcciones gráficas:

  • Contenedores son monogramas o estructuras cerradas, generalmente ovales o rectangulares que recogen en su interior otros monogramas. Suponen el primer espacio creado gráficamente por el niño y la respuesta a los conceptos: dentro-fuera. Empiezan a establecerse las primeras relaciones topológicas de inclusión o contención.

  • Mandalas son contenedores con un orden interoceptivo (no figurativo), basado en el equilibrio de dos o más monogramas.

  • Soles son estructuras constituidas por monogramas ovales o rectangulares cortados en su perímetro por trazos longitudinales que no se cruzan en su interior.

El niño evoluciona de las mandalas a los soles y de éstos a la figura humana.

Resumiendo las características de la etapa podemos destacar los siguientes aspectos:

  • La creación y diferenciación aún precaria de los primeros monogramas.

  • El concepto no figurativo de la forma partiendo de un geometrismo de origen viso-motriz.

  • La investigación de estructuras gráficas en dos vertientes: la lineal y la espacial.

  • El establecimiento de las primeras relaciones espaciales topológicas en la expresión de conceptos como: inclusión, cerrazón, etc.

  • La existencia de indicios de orden espacial interoceptivo, no-figurativo, en la distribución interna de algunos monogramas.

  • La tendencia al ritmo compensatorio (equilibrio) en combinaciones y agregados.

  • La persistencia de trazados de origen cinestésico (nivel motor y perceptivo).

  • La aparición del ideograma.

  • El ideograma como referente simbólico

Podemos definir el ideograma como un monograma o conjunto de monogramas que mantienen una analogía global con el objeto enunciado y tienen con respecto a éste un carácter polivalente o polisémico; por ejemplo: un cuadrado puede ser una ventana, un cuaderno, una piscina, etc., según el momento.

No hay que olvidar, sin embargo, que por lo general, en este período el niño da un significado oral al dibujo después de haberlo realizado. Es decir, que el valor simbolizador es aún un factor inestable, segregado al final del proceso como justificación figurativa inespecífica y sin intención a priori.

Podemos observar también que en los dibujos de los niños de esta etapa coexisten en numerosas ocasiones los trazados anteriores de origen cinestésico-gestuales, expansivos o fragmentarios, con la génesis de las primeras formas básicas (monogramas) recién creadas.

  • El color en esta etapa

Dentro de la escritura pictográfica que se genera en esta etapa existe un elemento circunstancial y con un valor simbólico complementario en estos períodos: se trata del color.

Cuando el color aparece está subordinado a la forma y se emplea como medio secundario de notación y diferenciación lineal. La elección del color hasta los cinco años tiene básicamente un origen emocional, aunque pueden existir razones de tipo funcional en la manipulación del material (se escoge un color por estar más cerca, menos gastado...) o bien, se utiliza como factor diferenciador (se cambia de color al aludir a distintos elementos no identificados por la forma).

1. Contenedores sin orden

2. Mandalas : contenedores

con orden interoceptivo

3. Soles

 

Desarrollo de la Expresión Plástica y su Didáctica, de 18 meses a 4 años   
Desarrollo de la Expresión Plástica y su Didáctica, de 4 a 9 años
Desarrollo de la Expresión Plástica y su Didáctica, 9 A 14 AÑOS